sábado, 22 de octubre de 2016

TÉCNICAS PARA MEJORAR LA COMPRENSIÓN LECTORA

Cuando nuestros hijos son pequeños nos preocupamos por poner a su alcance todos los libros posibles para fomentar el hábito de leer desde la cuna. Buscamos un rincón donde tengan su propia biblioteca e información sobre la mejor manera para contar cuentos.
Un poco más adelante, nuestra preocupación es que ellos lean libros de manera autónoma. Y buscamos entonces libros con los que aprender a leer.
¿Y después? Después debemos asegurarnos de que no solo saben reproducir fonéticamente las palabras escritas, sino de que entienden lo que leen.
La comprensión lectora es la capacidad para entender lo que se lee, tanto en referencia al significado de las palabras que forman un texto, como con respecto a la comprensión global del texto mismo.
La capacidad de sacar información de lo que se lee, interpretarla y reflexionar sobre ella se mejora con la práctica. No obstante, debemos tener presente que la lectura ha de ser un placer, no una obligación.
Por eso debemos evitar poner un libro en las manos de un niño cuando este se encuentre cansado, hambriento o realizando cualquier actividad lúdica, y escoger lecturas adecuadas e interesantes, según edad, gustos y capacidades, para evitar que el hecho de leer se convierta en un fastidio.
El objetivo es que muestre cada vez mayor interés y que se esfuerce en comprender lo que lee, por ello el contenido ha de estar acorde con sus conocimientos, con un vocabulario adecuado y sin formas gramaticales o construcciones sintácticas que le resulten frustrantes.
Cualquier momento cotidiano es bueno para motivar al niño, como leer carteles mientras se pasea por la calle o pedirle que nos cuente qué ha estado leyendo en clase ese día. Tampoco hace falta leer solo libros, ya que tebeos, revistas o artículos de periódicos acordes a su edad son otra buena opción.


¿Qué podemos hacer para mejorar la comprensión lectora?

  • Seguir una receta de cocina (y cocinarla), leer las instrucciones de un juego antes de comenzar o el menú de un restaurante para elegir los platos.
  • Leer juntos un libro y hacerle preguntas al niño sobre el mismo. ¿Qué ha hecho el protagonista? ¿Por qué lo ha hecho? ¿Qué harías tú en su situación?
  • Leer un artículo, noticia, cuento... y pedirle que lo resuma con sus propias palabras.
  • Hacer un dibujo tras la lectura de un texto.
  • Escribir finales alternativos para una misma historia.
  • Leer una frase y, a continuación, enunciar otra con el mismo significado pero con palabras distintas, más sencillas. Así, aprende vocabulario y comprende más fácilmente lo leído.
  • Jugar a las definiciones: les damos la definición de una palabra para que el niño busque a qué término corresponde esa definición. Y a la inversa. Se puede jugar con palabras cotidianas.

jueves, 20 de octubre de 2016

EL COLOR DE LOS PÁJAROS

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Adaptación de la antigua leyenda de la India

Hace cientos y cientos de años, todos los pájaros del mundo eran de color marrón. Los bosques estaban poblados de aves grandes, medianas y pequeñas, pero todas con el mismo plumaje serio y aburrido.
Esta condición no les gustaba nada. Sentían mucha envidia del color carmesí de las rosas en primavera,  del naranja intenso de los peces payaso,  del sofisticado pelaje blanco y negro de las cebras… Estaba claro que a la hora del reparto de colores, a ellas les había tocado la peor parte.
Un día se pusieron de acuerdo para acabar con esta situación. Hartas de considerarse los seres más feos del planeta, decidieron pedir ayuda a la Madre Naturaleza.
El águila, valiente y decidida como ninguna, fue la que se encargó de solicitar una audiencia. Dos semanas más tarde, miles de pájaros descontentos con su aspecto fueron convocados a la mayor reunión de animales alados jamás vista hasta entonces. Los nervios flotaban en el ambiente porque  todos tenían un ferviente deseo y esperaban que les fuera concedido.
La Madre Naturaleza acudió al bosque y les recibió a la hora convenida. Al principio fue complicado que reinara el silencio porque había un tremendo alboroto, pero cuando por fin dejaron de piar, graznar, gorjear y silbar, la Madre Naturaleza habló.
– ¡Por favor, silencio! Me habéis llamado porque estáis disgustados con vuestro color. A mí me parece que el tono madera que lucís es precioso, pero si no vosotros no estáis conformes, vamos  a intentar solucionarlo. Os llamaré uno por uno y os ruego que respetéis el turno ¿De acuerdo?… ¡A ver, urraca, acércate a mí! Tú serás la primera en hacer tu petición.
La urraca se acercó lo más deprisa que pudo.
– Verá usted, señora… Yo había pensado cambiar el marrón por un negro bien brillante, salpicado con unas cuantas plumas blancas en el pecho ¿Qué le parece?
– ¡Sin duda has tenido una idea muy acertada! ¡Vamos allá!
La Madre Naturaleza cogió el pincel más fino que tenía, una paleta con infinitos colores, y pintó el plumaje de la urraca hasta que quedó perfecto.
 ¡El animal no cabía en sí de gozo! Extendió las alas y, entre aplausos, se paseó estirando el cuello para que pudieran admirarle bien.
Segundos después, un periquito chiquitín y muy espabilado dio unos saltitos y se posó en los pies de la Madre Naturaleza.
– ¡Me toca a mí! ¡Me toca mí!
La Madre Naturaleza se rio con ternura.
– ¡Ja, ja, ja! Tranquilo, pequeño. Te escucho.
El periquito estaba muy excitado y empezó a hablar atropelladamente.
– ¡Yo quisiera ser azul como el cielo! ¡¡Y tener la cabecita y el cuello blancos como las nubes!
– ¡Fantástico! ¡Muy buena elección!
La Madre Naturaleza escogió un tono tirando a añil, y como el periquito era poquita cosa, terminó en un santiamén. El pajarillo se encontró guapísimo y se pavoneó de aquí para allá ante un público rendido a sus pies.
Después del periquito, le tocó al pavo real.
– ¡A mí me resulta muy difícil escoger porque me encantan todos los colores! ¿Qué tal un poco de cada uno?
– ¡No es fácil lo que pides, pero me parece estupendo!  Quédate bien quieto que este va a ser un trabajo  laborioso y necesito concentración.
El pavo real contuvo la respiración y no pestañeó hasta que la Madre Naturaleza le dijo que había terminado. El resultado fue soberbio, sin duda uno de sus mayores logros en tantos años creando y diseñando animales por todo el planeta. Los presentes se quedaron boquiabiertos y reconocieron que el pavo real se había convertido en el paradigma de la elegancia y el buen gusto.
El canario se dio prisa por ser el siguiente. Pidió un único color, pero le rogó que fuera especial y sobre todo, bien visible desde la distancia.  La Madre Naturaleza meditó un momento y después le aconsejó basándose en su dilatada experiencia.
– Yo creo que el ideal para ti es un amarillo intenso ¡Creo que te sentaría bien  y te haría  parecer más alegre de lo que ya eres!
– ¡Uy, qué ilusión, así todos se acercarán a mí! ¡Con lo que me gusta  tener espectadores mientras canto!
La Madre Naturaleza le hizo un guiño y le cubrió con un deslumbrante tono que recordaba los limones maduros. Todos estuvieron de acuerdo en que era un color bellísimo que realzaba el atractivo del canario.
Y así, una tras otra, fueron desfilando ante ella  todas las aves del bosque. Cuando terminó, suspiró satisfecha por el buen trabajo realizado.
– Menos mal que ya no queda nadie porque se han agotado los colores de la paleta. He de decir que teníais razón ¡Con todos esos colores estáis mucho más bellos!
Los miles de pájaros aplaudieron y vitorearon a la Madre Naturaleza. Estaban tan agradecidos y tan felices… Ella, con una sonrisa de oreja a oreja, se despidió.
– Espero que a partir de hoy os sintáis mejor con vosotros mismos. Y ahora, si me disculpáis, debo irme. Estoy agotada y creo que me merezco un buen descanso.
Empezó a recoger los utensilios de pintura y cuando ya tenía casi todo guardado, vio un joven y regordete gorrión que se le acercaba con cara de desesperación. El pobre gritaba y hacía aspavientos para llamar su atención.
– Por favor, por favor, no se vaya ¡Espere, señora! ¡Falto yo!
La Madre Naturaleza le miró con tristeza.
– ¡Oh, cuánto lo siento, chiquitín!… Ya no hay nada que pueda hacer… ¡No me queda ningún color!
El gorrión se tiró al suelo y comenzó a llorar desconsolado ¡Había llegado demasiado tarde!
A la Madre Naturaleza se le encogió el corazón. Era duro pensar que había ayudado a todos los pájaros del mundo menos a uno  y se sentía fatal ¿Qué podía hacer para solucionarlo?
De pronto, se le iluminaron los ojos. En la paleta de colores, quedaba una gotita amarilla de pintura que le había sobrado de pintar al canario. Se agachó, acarició la cabecita del gorrión y le dijo con su dulce voz:
– Levántate, amigo. Sólo me queda una gota amarilla, pero es para ti ¿Dónde quieres que te la ponga?
El gorrión se incorporó, se frotó los ojillos para enjugar sus lágrimas, y una enorme emoción recorrió su cuerpo.
– ¡Aquí, señora, en el pico!
La Madre Naturaleza acercó un pincel redondo a su carita y dejó caer con suavidad la pizca de pintura en el piquito, tal como era su deseo. El gorrión, batiendo las alas a toda velocidad, se acercó a una charca para mirarse y se volvió loco de contento al ver lo bien que le quedaba. Todo el bosque estalló en aplausos de alegría. La Madre Naturaleza, por fin se despidió.
– Me voy, pero si algún día volvéis a necesitar mi ayuda, contad conmigo ¡Hasta siempre, queridos míos!
Desde ese lejano día, los bosques no volvieron a ser los mismos, pues se llenaron de aves de colores y de muchos gorriones que lucen una motita amarilla en su carita ¡Fíjate bien la próxima vez que veas uno!

LA LEYENDA DEL AGUILA

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En Europa, muy pegadito a Grecia, hay un país llamado Albania. El nombre Albania proviene de una antigua y curiosa leyenda que ahora mismo vas a conocer.
Dice la historia que hace muchos, muchísimos años, un muchacho se levantó una mañana muy temprano para ir a cazar. Caminó tranquilo hacia las montañas y al llegar a su destino, vio  cómo en la cima de una de ellas, un águila enorme descendía del cielo y se posaba sobre su  nido. Lo que más le llamó la atención fue que el águila llevaba una serpiente, rígida como un palo, bien sujeta con el pico.
– ¡Vaya, hoy el águila está de suerte! ¡Acaba de amanecer y ya ha conseguido alimento para su cría!
La reina de las aves, creyendo que la serpiente estaba muerta, la dejó caer junto a su hijito y remontó el vuelo para ir a buscar más.
¡Qué equivocada estaba! En cuanto desapareció en el horizonte, la serpiente se desenroscó, abrió la boca y mostró sus afilados y venenosos colmillos al indefenso polluelo ¡El pobre no tenía escapatoria y la miraba aterrado!
Por suerte el cazador lo estaba observando todo, y cuando estaba a punto de hincarle el diente, agarró su arco, afinó la puntería y lanzó una flecha mortal al peligroso reptil, que se quedó quieto para siempre. Después echó a correr hacia el nido, angustiado por si el aguilucho había sufrido alguna herida.
¡Cuánto se alegró al ver que estaba  sano y salvo! Con mucho cuidado, lo tomó entre sus manos con suavidad, y acariciándole las plumitas se alejó del lugar.
Al rato el águila regresó  y comprobó con horror que su retoño ya no estaba. Desesperada sobrevoló la zona a toda velocidad y distinguió a un joven que se lo llevaba camino de la ciudad. Rabiosa, descendió en picado y se interpuso en su camino.
– ¡Eh, tú, ladrón! ¿A dónde vas con mi chiquitín?
– ¡Me lo llevo a mi casa! La serpiente que cazaste no estaba muerta y casi se lo come de un bocado ¡Quiero ponerlo a salvo!
El águila se entristeció y sus ojos se llenaron de lágrimas.
– ¿Me estás diciendo que soy una mala madre?
– ¡No, de ninguna manera! Imagino que eres una madre buena y cariñosa como todas, pero debes reconocer que has cometido un gravísimo error.
– ¡Lo sé y estoy muy apenada por ello! Siempre estoy pendiente de proteger a mi pequeño porque le quiero más que a mí misma. Te juro que pensaba que la serpiente estaba muerta y que no corría ningún peligro.
– Ya, pero…
– Sin duda fue un descuido y no volverá a suceder. Devuélvemelo, por favor, y yo te recompensaré.
– ¿Ah, sí? ¿Y cómo lo harás?

– ¡Seré generosa contigo! Voy a concederte las dos cualidades más valiosas que poseo.
– ¿Dos cualidades? No entiendo a qué te refieres.
– ¡Sí! A partir de ahora tendrás una visión tan aguda como la mía y tanta fuerza como estas dos alas. Nadie podrá vencerte y te aseguro que llegará un día en que te llamarán águila como a mí.
El cazador pensó que era un trato fantástico y, ciertamente, el águila parecía desconsolada y arrepentida de verdad. En lo más hondo de su corazón sintió que tenía que darle una nueva oportunidad porque al fin y al cabo, en esta vida todos cometemos errores alguna vez. Sin pensarlo más, levantó sus manos callosas y entregó la pequeña cría a su amorosa mamá.
Pasaron varias primaveras y la promesa del águila se cumplió. El muchacho se convirtió en un hombre muy hábil y más fuerte de lo normal, capaz de cazar animales gigantescos y de participar en la defensa de su ciudad cada vez que entraban enemigos ¡Un auténtico héroe al que todos los vecinos querían y admiraban!
También pasó el tiempo para el pequeño aguilucho, que jamás olvidó quién le había salvado la vida cuando era chiquitín. Como era de esperar creció muchísimo, y cuando se transformó en un águila grande y hermosa, decidió no separarse nunca de su amigo el cazador. Siempre a su lado, le protegía día y noche desde las alturas como un perro guardián que vela por su amo a todas horas.

La fama del cazador y de su ave protectora se hizo tan grande que toda la gente empezó a llamarle “el hijo del águila”,  y a la tierra donde vivía, Albania, que significa  “tierra de las águilas”.

martes, 4 de octubre de 2016

EL PAJARITO QUE NO QUERÍA VOLAR



1. DE COLOR ERAN LAS ALAS DEL PAJARITO
A. VERDES
B. AMARILLAS
C. AZULES

2. CUÁL DE LAS DOS ALAS ES MÁS GRANDE?
A. LA DERECHA
B. LA IZQUIERDA
C. SON IGUALES

3. CÓMO VOLABA AL PRINCIPIO EL PAJARITO?
A. EN LINEA RECTA
B. EN CÍRCULOS
C. MUY RÁPIDO

4. EL PAJARITO NO QUERÍA VOLAR PORQUE:
A. SE ABURRÍA
B. SE CANSABA
C. SE REÍAN DE ÉL.

5. POCO A POCO APRENDIÓ
A. VOLAR EN LÍNEA RECTA:
B. VOLAR MÁS RÁPIDO
C. VOLAR MEJOR QUE LOS DEMÁS

6. QUIÉN ATACÓ A LOS PÁJAROS?
A. UNA GAVIOTA
B. UN GAVILÁN
C. UN ÁGUILA

7. EL PAJARITO SE SALVÓ DEL ATAQUE PORQUE:
A. HIZO UN RÁPIDO GIRO
B. SE ESCONDIÓ
C. VOLÓ MÁS RÁPIDO

8. POR QUÉ ESTÁ CONTENTO EL PAJARITO AHORA?
A. POR TENER LAS ALAS AZULES
B. POR VOLAR EN LINEA RECTA
C. POR TENER UN ALA MÁS GRANDE

FORTALECER COMPRENSIÓN LECTORA


CUENTO CHARLES EL OSO

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